Joxerramon Bengoetxea-Foto Mikel Mtz - de Trespuentes. UPVEHU.

La transformación europea post-COVID-19

Este artículo está escrito Joxerramon Bengoetxea – Secretario General de EuroBasque | Web Noticias de la Universisad del País Vasco.

«Como no era uno de los que se quedan callados, el doctor Rieux decidió escribir esta narración que está a punto de terminar, para dar testimonio a favor de los caídos en la peste, para que por lo menos quedara el recuerdo de la injusticia y la violencia sufridas por ellos, y simplemente para decir lo que se aprende en la peste, que en los hombres hay más cosas maravillosas que despreciativas.»

(Albert Camus. Peste, 1947. I. Traducida por Tapia en 1993, adaptada).

¿Cómo será la Unión Europea postvirus? Para responder a la pregunta del campus, en primer lugar, me gustaría hacer mías las palabras de Camus, recordando y homenajeando a las personas que han sufrido de cerca el virus. La imagen bélica se ha impuesto en toda Europa. Los responsables de los dos Estados, Macron y Sánchez, nos han presentado las medidas contra la pandemia como una guerra. Si es una guerra, puedo escribir sobre la posguerra. Más que Europa, continente o centro cultural, la Europa instituida, que este sábado celebra su día, se construyó en la segunda posguerra mundial, con el objetivo de la paz. El Plan Marshall (1948) le dio impulso económico y financiero, y le institucionalizó el Plan Schuman.

Hoy en día esas ideas vuelven a nosotros, y no en vano. El propio Consejo Europeo, en su cumbre del 23-04-2020, menciona expresamente el Plan Marshall en su escrito Roadmap for Recovery, guía curativa. Como es sabido, entonces fue Estados Unidos quien puso el dinero: Europa estaba destruida y había que reconstruirla. Pero esta vez, ¿quién pondrá los céntimos? Hasta que la Comisión de la UE conozca los detalles del plan de acción y la cantidad (¿1,5 B €?) y la naturaleza (préstamos, ayudas, bonos, condiciones) del nuevo Fondo, lo que sabemos es que los esfuerzos de reconstrucción los haremos los europeos, con la autorización del Tribunal Constitucional Federal alemán. Pagaremos, pero sin olvidar por qué tenemos que pagar lo que no es nuestro. ¿Dónde están las responsabilidades en el origen local del virus, en la difusión global y en el daño causado a la calidad de vida de todos nosotros? ¿La UE acudirá a la puerta de China o de la Organización Mundial de la Salud para exigir una posible responsabilidad y una indemnización? Como en la peste, la competencia de los bloques mundiales sobre las narraciones de la pandemia ya está en marcha.

El Consejo Europeo se ha dado cuenta de que la situación no es business as usual, que habrá que cambiar las cosas. ¿Cómo? Para lograr una cura simétrica y equilibrada en toda Europa hay que respetar tres principios: la solidaridad, la cohesión y la convergencia. Debe ser empoderado (co-owned) por los interioristas y ciudadanos, y para ello consultado con todos los agentes, en un diálogo permanente y amplio, en una gobernanza multiescalonada y participada. Asimismo, en la cura, la UE no debería perder su identidad. Mantener los valores, los derechos humanos y la autoridad del derecho que le son propios, salvaguardando la subsidiariedad y la coordinación eficaz. Se trata de proteger un mercado común beneficioso para todos, basado en normas de sistema internacional multilateral y de recuperar flujos de intercambio y vías de suministro.

La guía prioriza la necesidad de evitar la quiebra de empresas viables manteniendo sus puestos de trabajo. Un doble objetivo que requiere una ayuda decidida. Para ello es necesario que el sistema financiero esté preparado, incrementando las inversiones y subvenciones en el ámbito público y privado. En esta crisis estamos siendo conscientes de que la economía y la sociedad europea dependen enormemente de lo externo, no sólo en el ámbito de la electricidad o las materias primas, sino también en la adquisición de productos básicos. Las fuertes provisiones, infraestructuras y cadenas estratégicas de valor deben ser reubicadas en Europa y no en el extranjero. Competitivos, pero también soberanos, en servicios y materias esenciales, medicamentos, alimentos, equipos. El tamaño de las inversiones también será enorme si toda la economía renace y se transforma. También habrá que flexibilizar las ayudas públicas y los criterios de convergencia (deuda y déficit público) enmarcados en la crisis anterior.

Por lo tanto, la idea de una gran transformación, pensando en Karl Polanyi. The Great Transformation fue publicado en 1944, en tiempos del Plan Marshall. La actual transformación europea será verde, digital y circular. La clave es ir hacia el Green New Deal y las medidas a tomar, como la promoción de empresas, no pueden suponer un retroceso. No tendría sentido, por ejemplo, conceder ayudas a las áreas de circulación de combustibles fósiles, volviendo a la tendencia anterior. Los retos del cambio climático, la catástrofe nuclear o la huella ecológica son mucho más difíciles que los de cualquier virus. La economía digital también es una apuesta firme para que la economía y la sociedad se adapten para poder trabajar online (en producción, investigación, transporte, comunicación y servicios) a la hora de afrontar las próximas medidas de aislamiento. Lo hemos entendido en la UPV/EHU. Por último, la economía circular supone producir lo más cerca posible, con los menores residuos posibles, con la menor cantidad de materia prima y energía. Esta transformación debe apoyar otros dos frentes: el equilibrio territorial económico-social y el desarrollo rural (política agrícola común). Todo ello deberá financiarse con el Fondo de Recuperación y los nuevos instrumentos (¿Eurobonos?) y recogerse en el marco financiero plurianual que se debate (presupuestos a siete años). Este es nuestro nuevo plan Marshall, según la guía. Pero en muchos territorios del mundo la pandemia se ha sumado a la hambruna que ya arrastraban y se pide en voz alta una solidaridad global. Esperemos que el doctor Rieux de Camus encuentre en la Unión Europea, en los europeos, más cosas maravillosas que despreciativas.

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